? SLAB | Sound & Literary Art Book

Issue 3

Creative Nonfiction

Susana Chavez-Silverman

Hawk Call Crónica


  Esta mañana, I saw a pair of hawks. No. Primero los escuché: their wild, Native American, shrill calls punzaron la semi-calma de otra anodine mañana en el Evil. El Inland Empire de Califas. Digo semi-calma porque hace semanas que I’m daily assailed by a sense of dread. La definición misma de la anguhtia. Is this “generalized anxiety disorder,” ¿o alguna forma menor, más suave?

  Ni modo. Whatever it’s called, I have it. No hay razón, uno diría. Pero its very unreason es la naturaleza de la bestia. A sense of foreboding dogging me, always already (pace Derrida . . .) detached, severed from—y anterior a—cualquier fuente reconocible.

  Salí al patio para regar. Weirdly, there was a close, dense grey, southern sky. Como si estuviéramos, en cambio, en Charleston. Or, why not, en Buenos Aires en febrero. Arriba, en las ramas bajas del enorme pine tree, justo al otro lado del fence, I caught the flash of plump, downy-white avian nalgas, the powerful black-speckled grey plumes of flecha-straight tail feathers. They moved among the branches; they fluttered and screeched and wheeled. Definitely halcones de algún tipo. Red-tailed hawks? I’ve always loved them. Sort of feared them, también, aunque casi siempre se les ve way up en el aire, a swooping dark speck, al lado de la Highway 101, por ejemplo, on any south-to-north Califas road trip.

  Salí al patio para regar. Weirdly, there was a close, dense grey, southern sky. Como si estuviéramos, en cambio, en Charleston. Or, why not, en Buenos Aires en febrero. Arriba, en las ramas bajas del enorme pine tree, justo al otro lado del fence, I caught the flash of plump, downy-white avian nalgas, the powerful black-speckled grey plumes of flecha-straight tail feathers. They moved among the branches; they fluttered and screeched and wheeled. Definitely halcones de algún tipo. Red-tailed hawks? I’ve always loved them. Sort of feared them, también, aunque casi siempre se les ve way up en el aire, a swooping dark speck, al lado de la Highway 101, por ejemplo, on any south-to-north Califas road trip.

  Pero hoy, I saw them. Clear and close. Garras, picos, powerful wings. One soared to an adjacent eucalyptus, pero como que no le daba suficiente shelter. It circled, volvió al pino and settled in again, calling to the other one all the while. In dizzyingly close detalle los observé. Tan wild, tan próximos al predecible humdrumness de mi pequeño patio suburbano.

  Suddenly, del otro lado del gate, por una ranura vertical, there was an eye: its gaze met mine. Se me cayó la garden hose de la mano. It was five, maybe even 8 seconds, se me hace, before I recognized la pupila,
strangely small and hard para la too-soft (for So. Califas) morning light: el Juvenil.

  Me sentí curiosamente detached, flotante. Se me ocurrió que esa pareja de hawks was you and me: solitarios, together. Criaturas ariscas que, sin embargo, nest together. Never quite retracting del todo las garras. Primed and ready, para en cualquier momento despellejar al enemigo. Any interloper. We are inward, insular, en estos días. More fiercely self-protective than ever, parece. . .

  I used to think I would do anything para el Juvenil. The line from that Irish movie, Cal, remember, cuando el John Lynch le pregunta a la Kate Nelligan (or, coño, it’s gone fuzzy on me: was it Helen Mirren, after all? You’d think I’d remember, la Helen is one of my all-time faves, mientras que la Kate barely registers en mi al menos used-to-be memoria elefantiásica, except in that ridiculous, over-the-top spy movie con el Donald Sutherland, when he drops down on to his knees, al final, on some tarmac, y creo que la Kate le mata de un balazo, this climactic moment capping a wannabe tumultuous, passionate romance. Pero cuando lo vi con mis padres, in the Nickelodeon Theater, en Santa Cruz, y con mi prima la Lee Weiss, we all had such a fit of bone-shaking risa at that tarmac-shooting moment—los demás moviegoers creo que hasta were teary-eyed—we were almost ejected del teatro. Pero sorry, esa es otra): “Would you die for me?”

  Siempre me pareció swooningly romantic, pero adaptable, de todos modos. A semaphore, a floating signifier of fierce passion. De pareja, o de madre. Either one. Pero ahora sé que no. He aprendido
que no. I’ve learned that my “anything,” en todo caso, comes with strings attached. Tipo, if you’re ready to start studying again, then we’ll . . . Or, si realmente quieres encontrar donde vivir, te . . . Y así. Porque ¿de qué serviría que yo fuera al edge with him, and right over, si a la vez me hundo a mí misma? Right?

  Empedernida edge-dweller, though. Al borde de. Abrazada al acantilado, pero . . . y no. You know. Teeter-tottering por la vida: esa soy yo. Still. Siempre.